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El libro que voy a tratar en esta entrada es un auténtico espectáculo para los amantes de la literatura histórica y el regalo más aclamado por los cordobeses. “El mozárabe”, de Jesús Sánchez Adalid, es su obra más popular y vendida, aunque también tiene libros conocidos como “El alma de la ciudad”, del que tratare otro día, o “La sublime puerta”, pero ninguna de sus relatos llega a la calidad de este libro.

“El mozárabe” narra dos historias con dos protagonistas distintos que se sus vidas se cruzan varias veces. Por un lado se narra la vida de Asbag, obispo de Córdoba que al realizar una peregrinación a Santiago de Compostela, justo antes de entrar al templo para orar en los restos del Apóstol, es capturado por los vikingos. En su captura le ocurren una serie de contratiempos, llevándole a numerosos sitios como Francia, Italia, Constantinopla o de vuelta a España por tierras catalanas. Al principio de la obra, cuando todavía no es nombrado obispo, conoce a un joven ambicioso, pero de apariencia noble y con gran inteligencia, Abuamir. Cuando Asbag al final vuelve a Córdoba, las cosas han cambiado. Ya no se respira la cálida y agradable atmosfera, donde todos vivían en paz, si no que un caudillo del emirato llamado Almanzor  está sembrando el temor y odio. La sorpresa para el obispo es que Almanzor era su amigo Abuamir.

El libro está ambientado en el siglo X en Córdoba, capital de al-Andalus, mostrando un gran imperio, una época dorada. El momento álgido de la ciudad es en la segunda mitad del siglo, durante el reinado del califa al-Hakam, pacífico y culto, que contribuyó en gran medida para que las dos culturas, cristiana y árabe, vivieran con total tolerancia. Córdoba, según los historiados árabes, contaba con una población de medio millón de personas, cuando ninguna ciudad europea llegaba a cien mil habitantes; lo formaban más de ciento treinta mil casas, setecientas mezquitas, trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas iglesias y librerías. Esto da lugar hasta que punto Córdoba se convirtió en una de las ciudades más importantes del mundo.

Otro de los aspectos que aprendemos en este libro es la tolerancia donde los religiones, dos culturas, dos formas de vida contrapuestas pueden juntarse con total respeto sin llegar a mezclarse. Hasta la llegada de Almanzor, cristianos y árabes convivían con total tolerancia. Incluso Asbag, cuando es nombrado obispo, ayuda al califa para encontrar descendiente. Esto da muestra hasta qué punto estaban unidas estas dos culturas. Aunque cada uno adora y sigue a su Dios, aunque algunas de las personas que les rodean pueden no estar de acuerdo, como ocurre con Asbag y un predicador de las tierras del norte, que se muestra contrario a la colaboración de los cristianos con los árabes para vivir en paz, tanto el obispo como el califa se muestran partidarios de ceder y respetarse para el bien de los habitantes de al-Andalus. Córdoba vivía tiempos resplandecientes, al igual que el califa con su gran corte formada por los eunucos, los emires, los distintos ministros (misir), concubinas… Vivían rodeados de auténtico lujo, con grandes obras como casas de campo, la sede del gobierno del califa, Medinat al-Zahra, construida al lado de Córdoba, que se convirtió en una auténtica ciudad donde se desarrollaba la administración civil y militar o la gran biblioteca que reunió al-Hakam II en su palacio de Córdoba, contando con cuatrocientos mil volúmenes. Pero una de las mayores obras de este periodo es la Mezquita de Córdoba, una de las mayores maravillas que tenemos en nuestro país, donde sus muros y arcos interiores son un fiel reflejo de la historia de este país.

En definitiva, “El mozárabe” es un libro aconsejable para poder observar como sí es posible la convivencia entre personas con distinta cultura. Parece mentira que en pleno siglo XXI estemos hablando de estos temas cuando hace más de mil años cristianos y árabes en el Califato de Córdoba vivían con plena tolerancia, donde colaboraban unos con otros para que la rivalidad o la guerra no apareciese. Triste que los tiempos dorados no se prolongan para siempre, y que al poco tiempo, llegase un personaje tan siniestro como Almanzor, el azote de los cristianos en al-Andalus, que llevó numerosas expediciones para dar a los cristianos su merecido, siendo la más conocida la destrucción del templo de Santiago de Compostela, donde termina este libro, haciéndonos reflexionar de cómo el ser humano es capaz de hacer lo mejor y lo peor utilizando aspectos como la creencia como pretexto para saciar su sed de poder y codicia. Y para escribir sobre los mozárabes, que se hablado muy poco de estos personajes, pero que sus posturas y formas de entender la vida son dignas de admirar.