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Casi han pasado dos días del gran debate entre Rajoy y Rubalcaba y ya se ha dicho todo. Yo no voy a sumar nada nuevo al resto de periodistas, analistas, tertulianos, “opinadores” de profesión… Que si Rubalcaba ha actuado como líder de la oposición ante un Mariano crecido y respetuoso como si ya fuera el presidente del gobierno. Que si el líder del PP ha perdido credibilidad por leer constantemente ante un Alfredo seguro de sí mismo. Que si la corbata de uno es más elegante y fina. Que si viene la derecha y nos va a quitar todo lo que tenemos. Que si la izquierda nos ha sumido en la peor crisis de la historia de este gran país. Es decir, del debate no puedo sumar ninguna postura novedosa. Solo me quedo con las palabras que Federico Jiménez Losantos  radió ayer en su programa a modo de resumen: “Rubalcaba no ha ganado ni un voto y Mariano no ha perdido ni uno”, creo que es la mejor definición de lo vivido entre ambos aspirantes a la Moncloa.

Como he dicho en líneas anteriores, como no encuentro ninguna forma para deslumbrar, abro otro debate al debate de ayer. Gran parte de las personas que vieron ayer el cara a cara han coincidido en reprochar a ambos políticos de peso su incompetencia. Incluso comparten opinión con la gente que directamente decidió no ver debate por lo mismo, porque los políticos de este país no merecen la pena. Ahora me pregunto yo, ¿y la sociedad, está a la altura de las circunstancias? Porque uno se cansa de oír por activa y por pasiva que tenemos una casta política parasitaria que solo piensa en robar al pobre ciudadano de pie que paga los impuestos religiosamente todas las veces que debe o se le impone. ¿Nos merecemos esta  panda de políticos corruptos?

No seré yo quien defienda a los miembros que componen la política de este país, pero me parece una labor muy cínica acusarlos sin antes preguntarnos qué estamos haciendo la sociedad española ante los hechos acaecidos en los últimos años. Me niego a pensar que los 5 millones de parados; el gran consumo de cocaína, entre otras drogas, de la sociedad española, tanto en jóvenes como en mayores; la crisis de principios, el fracaso escolar, el rechazo a nuestros valores y tradiciones como nación… sea culpa de los políticos en general y del gobierno de Zapatero en particular. Lo siento mucho pero nosotros, la inmensa sociedad de España, tenemos algo que ver, si no es mucho.

Ante la grave crisis que estamos padeciendo, lo más fácil es señalar a los políticos acusándolos de no estar a la altura de las circunstancias. ¿Acaso son ellos los que han impulsado la cultura del botellón. ¿Acaso son ellos los únicos causantes de miles y miles de suspensos situando a España en la cola de la educación? ¿Acaso son ellos los únicos protagonistas de llevarnos a una crisis social y de valores muy preocupante, sobre todo, entre la juventud? ¿Acaso son ellos los únicos que obligan a miles y miles de personas a malvivir en la comodidad, donde su único objetivo es aprovecharse del prójimo y que les den todo hecho? Mi respuesta es clara: no.

El político debe de fomentar, ayudar, marcar las pautas y ofrecer todas las facilidades al ciudadano, pero quien tiene la última palabra somos nosotros. Basta ya de tanta hipocresía y mirar hacia otro lado.

Muchas veces pienso que tenemos la clase política que nos merecemos. En estos momentos angustiosos, donde el horizonte de nuestro futuro es muy negro y las generaciones juveniles tienen un porvenir incierto, no vamos a perder el tiempo quejándonos de forma patética por los rincones que tenemos una casta política de vagos y ladrones. Como decía Kennedy, “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. No esperemos a que Rajoy despierte de su famosa siesta el 20N, si llega a ganar, y vamos a responder a los políticos con acciones, no con gimoteos mientras sostenemos un mini de calimocho.

Con todo lo soltado no es una lanza a favor de la revolución, de echarnos a la calle y compartir asfalto con los indignados del #15M. Ni mucho menos. Ya exprese en su momento que este movimiento no es santo de mi devoción. Solo quiero reflejar mi desasosiego y mi repulsa ante esas personas que solo hacen señalar y señalar a todo lo que les rodea sin mirarse a sí mismo y, aprovechando las circunstancias con el debate entre Rubalcaba y Rajoy, abrir otro debate, como escribo al principio de este artículo porque, la crisis, observando en estos momentos a Italia, acaba de comenzar.