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Seguramente, el nombre del escritor Agustín de Foxá no le suene a nada. A lo mejor algunos le suena el episodio vivido el año pasado cuando, conmemorando en Sevilla los 50 años de la muerte de dicho autor, IU se negó, formando un gran lío, donde incluso hubo presiones por parte de movimientos antifascistas para evitar que el acto se celebrase, aunque al final un grupo de personas no cedieron, honrando al poeta de la mejor manera que se puede hacer, leyendo algunos de sus versos.

Agustín de Foxá, conde de Foxá, fue periodista, poeta, escritor y diplomático español de carácter falangista. Ha recibido varios premios, como el Mariano de Cavia. Fue nombrado académico de la RAE, aunque no llegó a tomar posesión. Participó en la creación del himno de la Falange, el “Cara al sol”, donde dejó algunos de sus versos. Pero este autor destaca, sobretodo, por sus poemas y por su obra “Madrid de corte a checa”.

“Madrid de corte a checa” es un libro sobrecogedor, donde se narra los últimos momentos de la monarquía de Alfonso XII, la II República y la Guerra Civil hasta el año 37. Todo ello lo hace por medio de José Félix, el protagonista de la historia. El libro lo compone de tres partes: “Flor de lis”, “Himno de Riego” y “Hoz y martillo”.

En “Flor de lis”, la escritura de Foxá es amable, sencilla, donde aparece un Madrid simpático, con sus parejas de novios paseando por el Retiro, los burgueses acomodados en sus casas y la vida es llevable. José Félix y sus compañeros se dedican a hacer la revolución, armando grandes barullos en la universidad, con heridos y detenidos. Son enemigos de la monarquía, inquietos y renegados hasta que un 14 de abril de 1931 se proclama la II República en España.

En la segunda parte, el tono se va recrudeciendo. La burguesía alarga sus vacaciones al comienzo de la II República, sin querer hacer frente a la realidad. Comienzan a arder las primeras iglesias en Madrid, a mofarse de todo lo relacionado con el cristianismo. José Félix, con el paso del tiempo, empieza a cansarse de la revolución y de los cafés, donde se juntaba con numerosas personalidades de ideario izquierdista y republicano. Comienza a darse cuenta que el clima cada vez es más pesado y denso, donde las ideas fluyen hacía una dirección con un futuro negro, más que rojo, el estalinismo. Un buen día José Félix decide visitar otros lugares, y de encuentra con la Falange. Mientras que la burguesía seguía con sus costumbres y quehaceres, solo un pequeño grupo, comandados por José Antonio Primo de Rivera, hacen frente a los revolucionarios. Son momentos, dentro de la gravedad, agradables, donde unos jóvenes falangistas sueñan con volver a otros tiempos pasados, entre cenas y reuniones, donde un buen día, escriben unos versos que, más adelante, el propio José Félix los verá cantados más adelante. El sueño de dichos jóvenes se esfuma con el Frente Popular, donde el aire madrileño se va crispando por momentos. El capítulo acaba cuando Ángel, un militar, se limpia los restos de sangre que le habrían saltado tras asesinar a José Calvo Sotelo. La mecha estaba prendida.

“Hoz y martillo”, último de los tres capítulos, es, sin duda, el más crudo y fuerte. Trata la pesadilla que los burgueses, o mejor dicho, las  personas no republicanas vivieron desde que comienza la Guerra Civil hasta que los nacionales llegan a la capital. José Félix se ve obligado a esconderse, viendo como sus amigos, uno tras otro, caían en las fieras garras del enemigo. Foxá describe la barbarie roja, de cómo asesinaban por asesina, de las brutalidades llevadas a cabo en las checas, del famoso “paseo”, de las sacas. El autor consigue mantener vivo al lector:

“Ya no caían, sólo, los falangistas, los sacerdotes, los militares, los aristócratas. Ya la ola de sangre llegaba hasta los burgueses pacíficos, a los empleadillos de treinta duros y a los obreros no sindicados. Se fusilaba por todo, por ser de Navarra, por tener cara de fascista, por simple antipatía.”

Son en estos momentos cuando el protagonista madura, se enamora de un amor que era casi imposible, y huyen a Francia dejando un Madrid regado de sangre por la barbarie revolucionaria. Pero al enterarse de que las tropas procedentes de Marruecos ya están en la capital, deciden volver a España, a enfrentarse otra vez con la realidad.

Con el comentario de este libro no pretendo hacer una apología del fascismo, sino ver desde otra perspectiva lo que ocurrió. Por desgracia, en España hay autores que no se estudian, que no se leen, que se desconocen por el mero hecho de tener una ideología, olvidando lo más importante, si su pluma es buena o mala. Se deben de saber las obras, dejando a un lado las ideas privadas de casa persona. Pero, parece ser, que todavía no hemos aprendido la lección, y se sigue cayendo en el mismo error de siempre, juzgar a las personas porque son de derechas o de izquierdas.  

Aprovechando la polémica anual del 20N, o la macabra idea de un grupo de talibanes españoles de volar el Valle de los Caído, animo a leer este libro, y luego, a hacer lo mismo con “La forja de un rebelde”, de Arturo Barea, que trata el mismo tema pero desde el otro bando, para sacar unas conclusiones sabiendo lo que pensaban y lo que vivieron las dos partes en las que se dividió nuestro país, pero sin ánimo de revancha porque, ni un bando fue tan bueno, ni el otro tan malo y viceversa, ya que, tanto “Madrid de corte a checa” y “La forja de un rebelde” son dos novelas influidas fuertemente por el contexto y las ideas que se estaban dando en la época de su escritura.

Uno de los libros que más me ha causado impresión es “El guardián entre el centeno”. Nunca había oído hablar de esta obra hasta que su autor, J. D. Salinger, murió en Enero de este año. Aunque haya pasado casi un año, el libro me lo leí la semana pasada, en dos tardes, ya que no es muy largo.

Trata la historia de Holden Caulfield, el protagonista, un joven de 17 años algo peculiar, con un lado de la cabeza lleno de canas. Es un estudiante pésimo, le han echado de varios colegios y odia las palabras cursis, cultas y sobre todo, a las personas hipócritas y mentirosas. Aunque suele ser carismático, también se muestra en varias ocasiones muy sarcástico. Cuenta como le expulsan del colegio, sus inquietudes con el sexo, cosa que no llega a entender y es virgen, algo que le importa pero le preocupa a la vez.

Salinger utiliza un lenguaje directo, desnudo, con numerosas palabrotas. Debo reconocer que a mí me ha llamado la atención, asique no diremos a los lectores cuando se publicó el libro, ya que fue en los años 50. Aunque el protagonista pueda parecer raro al manifestar su ansiedad adolescente y su desconocimiento e incomprensión del mundo, en el fondo, refleja muy bien lo que el ser humano vive en dicho periodo de la vida. Incluso muchos críticos han manifestado su malestar por la psicología y la forma de comportarse de Holden, pero al final demuestra que es buen chico, ya que no abandona a su hermana, como tenía pensado hacer.

Además del sexo, otro de los temas que el autor expone es la inmadurez del adolescente mediante el gasto del dinero. Holden viene de una familia neoyorquina de clase media, incluso me atrevo a decir de clase alta, manejando dinero. El protagonista gasta y gasta hasta que se ve obligado a pedir dinero a su hermana pequeña, aunque cuando ésta le explica que el dinero que le presta pertenece a sus ahorros para los regalos de Navidad, Holden intenta gastar lo menos posible.

Este libro causó gran controversia en los EE UU por tratar sin tapujos temas tan complicados de la época (mediados del siglo XX) como la droga, el sexo o la prostitución. Incluso vieron a Holden como un instigador de masas. El libro fue prohibido. “El guardián sobre el centeno” ha llegado tan lejos que ha influido en grupos de música, sale en las películas “Conspiración” y “El resplandor”, en un capítulo de la serie “Me llamo Earl”, incluso algunos asesinos conocidos del siglo pasado se han visto relacionados con Holden.

Creo que no hace falta decir más sobre esta obra maestra, indispensable para entender que les pasa en algunas ocasiones a los adolescentes para protagonizar ciertos actos.