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Ayer el Comité Electoral Nacional del PP hizo pública la lista de Madrid. Del uno al cinco van Marino Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Ana Mato, Alberto Ruíz-Gallardón y Miguel Arias Cañete, respectivamente. Pero, sin ninguna duda, el protagonista de esta lista es el alcalde madrileño, eterno rival de Esperanza Aguirre.

Cuando las cosas van bien, las encuestas te favorecen o cada paso que das, es un punto positivo para tu porvenir, se nota. Solo hay que ver el gesto de Rajoy y compararlo con el actual, pero por poco tiempo, de nuestro presidente del gobierno, más demacrado, algo chupado y con pronunciadas arrugas y ojeras. La foto de Zapatero sentado solo en el desfile del 12 de octubre con la mirada perdida es un claro ejemplo de lo mal que lo tiene que estar pasando, pero merecidamente. Esta buena sintonía que acompaña al líder del PP le está llevando a ser él en estado puro, y como imaginábamos todos que estamos conectados un poco con la actualidad política, el alcalde de la capital no podía faltar en el posible gobierno popular.

Pero, ¿es acertada la maniobra de Rajoy de colocar a Gallardón en su nueva ejecutiva y alcanzar una cartera ministerial? Por una parte, podemos considerar la estrategia como muy buena. Gallardón es el mejor caladero de votos que puedas encontrar. Solo hay que ver su trayectoria política para entender que cualquier presidente quiera llevar en su equipo a una persona como el alcalde. Está dispuesto a olvidarse de ideologías o directrices impuestas desde la sede central con el fin de conseguir el mayor número de votantes. Un claro ejemplo es el trato de favor que tiene Gallardón con el grupo periodístico PRISA como fue la cesión de la Plaza de Colón en la Eurocopa 2008. Por eso cuando uno se lee el diario “El País”, las críticas más feroces van contra Esperanza Aguirre, suavizándose si el alcalde es el señalado. Su forma de actuar tiene unos buenos resultados, siendo presidente de la Comunidad de Madrid entre los años 1995-2003 y alcalde de Madrid desde 2003. Y no hablemos ya de su ambición, como es cumplir uno de sus grandes sueños, celebrar unas Juegos Olímpicos en Madrid.

Por otro lado, pienso que Mariano Rajoy cae en la incongruencia de llevar en sus listas al regidor del ayuntamiento más endeudado de España. Si el mensaje del PP es la creación de empleo y la austeridad frente al despilfarro y la deuda creada por el PSOE durante estos años, no puede incluir al alcalde que debe 7.008 millones de euros. En términos relativos, la deuda asciende a 1.971 euros por habitante. Es decir, es un escándalo como se encuentra la capital de España, económicamente hablando. Es verdad que las infraestructuras llevadas a cabo son una maravilla, como el soterramiento de la M-30, descongestionando el tráfico de la ciudad, ayudado también por el descenso de desplazamientos por la crisis. Hay que reconocer que Gallardón tiene mucha visión de futuro, que es mejor ver un parque a una carretera. Todo esto lo podemos llegar a entender. Lo que me cuesta más es hilar el discurso oficial del Partido Popular llevado a cabo por González Pons con la posibilidad de que Gallardón vaya en las listas de Rajoy en puestos donde la posibilidad de que sea ministro es muy alta.

Personalmente, a mí el PP, el PSOE o cualquier otro partido político no me tiene que convencer de nada. Pero hay una franja considerable de votantes que no tiene muy claro el voto. Por eso siento impotencia como se destinan unas cantidades desorbitadas para asesorar los partidos con el objetivo de cuidar el menor detalle y luego metan la pata en cosas tan sencillas como importantes. A Rubalcaba le pasa con la propuesta de medidas para combatir la crisis y a Rajoy con Gallardón, el alcalde de la ciudad más endeuda del país. Por todo esto tengo mis dudas de que el PP acierte en reforzar el núcleo del partido con la persona que antepone todos los intereses solo para ganar votos, obviando en ocasiones la ideología, las ideas y la base del partido. Ojala me equivoque y no ocurra lo mismo que con Trillo, el ex ministro de Defensa que, en toda esta legislatura, ha estado atado de píes y manos por el PSOE por el accidente del Yak-42, perdonando muchas cosas al gobierno y cediendo en medidas por el empecinamiento en estar rodeados de personas que dejan algunas dudas al ocupar su cargo. Espero que Mariano Rajoy haya meditado muy bien si Gallardón es el mejor refuerzo porque las elecciones están a la vuelta de la esquina y casi no queda margen de maniobra.

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El sábado 8 de enero se vivió en EE UU una masacre sin precedentes. Un joven de 22 años mató a seis personas y dejó heridas a otras catorce, entre ellas, una congresista demócrata, Gabriele Giffords, con un disparo en la cabeza. A la semana siguiente, en Murcia, tres individuos atacan al consejero de Cultura y Turismo de la región murciana, Pedro Alberto Cruz, golpeándole con un puño americano salvajemente en la cara, dejándole graves lesiones, incluso en la noche del sábado al domingo tuvo que ser operado para que no perdiese la visión del ojo izquierdo.

Desde que se conoció los asesinatos norteamericanos, la izquierda de este país no ha dejado de culpar al Tea Party y a la derecha de EE UU. Los medios de comunicación “progres” españoles, como El País, Público, Cadena Ser, El Plural… han señalado desde el primer momento que se conoció la noticia a la tensión y la crispación que se está viviendo en la política americana protagonizada por los movimientos de derechas que se oponen a las medidas y actuaciones de Obama.

Sin embargo, los mismos medios españoles que señalan ciegamente a los supuestos culpables, se echan las manos a la cabeza cuando también se señala a la izquierda española como responsable de la agresión al consejero murciano. Esta es la doble vara de medir. Cuando nos interesa, culpamos a un sector de la política que es contraria a nuestra postura, pero, en cambio, cuando nos puede beneficiar, aunque solo sea para engañarnos más y seguir pensando lo mismo, responsabilizamos a un grupo de personas contrarias ideológicamente a la nuestra, aunque no tenga nada que ver.

Para empezar, Jared Lee Loughner, el asesino de Tucson, todavía no se sabe a qué ideología responde. Nunca se le ha visto merodeando con personas vinculadas al Tea Party, o al partido Republicano, o a cualquier movimiento político. No se le asocia a ninguna religión. Es decir, no sabemos nada de este asesino, salvo que no está muy bien de la cabeza, aunque sabe lo que hace. Entonces, ¿de dónde se saca parte del periodismo que Sarah Palin, por ejemplo, sea responsable de la muerte de éstas seis personas? No lo podemos saber, porque el joven asesino no gritaba nada a favor de nadie cuando mataba, no llevaba ningún emblema y todo hace pensar, que la sinrazón ha sido el causante de esta triste página escrita en la historia de los EE UU.

Pero Murcia es diferente por muchos aspectos. Salvando las distancias con Tucson, y que el resultado no tiene nada que ver, todo hace pensar que la política está detrás de la agresión. Primero, el gobierno murciando lleva tiempo sufriendo un acoso y derribo por parte de una parte de la población ideológicamente diferenciada. No hace mucho tiempo, el vicesecretario del PP fue agredido en un manifestación sindical, aunque levemente porque un fotógrafo le salvo metiéndolo en un local, mientras que la candidata socialista de la región recibía besos y abrazos. Unos días antes de Navidad la casa del presidente de la Región fue cercada por un grupo de personas, donde tiraron huevos, piedras y petardos. El clima en Murcia contra el PP por parte de los sindicatos verticales del régimen socialista y el propio PSOE ha estado detrás de las manifestaciones ilegales contra Valcárcel y su equipo. Todo hace pensar que dichas “manifas” se deben al plan del PP Murciano de recortar a un 50% a los liberados sindicales. Segundo, los tres individuos que agredieron al consejero el sábado pasado lo hicieron a grito de “consejero, consejero, sobrinísimo hijo de puta“. Esto refleja que la paliza a Pedro Alberto Cruz tiene un objetivo, y es que su mujer es sobrina de Valcárcel, es decir, la política. Este consejero es afiliado al PP desde los dieciocho años. Este señor, aunque es acusado de ser consejero por enchufe, es uno de los mayores expertos en arte de la región murciana, doctor y profesor universitario, colaborador habitual en las revistas internacionales más prestigiosas del mundo del arte, ha publicado varios libros y monografías de gran repercusión académica y ha dirigido una de las principales instituciones culturales murcianas. A pesar de todo esto, a los sindicatos y a la izquierda no les vale, y por ello le han utilizado como cabeza de turco, para descargar toda su ira. El problema es que se les ha ido de las manos. Empezaron insultándoles con el apodo de “sobrinísimo”, y han terminado dejándole en el hospital con secuelas en la cara que le duraran toda la vida.

No quiero pensar si hubiera sido al revés. Si un político socialista hubiera sido agredido en un clima de crispación contra su gobierno por parte de la derecha mediante insultos y manifestaciones. Pero como el agredido es uno del PP, la culpa es de la violencia, no de la política. La doble vara de medir de una izquierda cerrada, que otra vez su intención de tensionar, como confesó Zapatero a Gabilondo después de una entrevista y que los micrófonos le pillaron, se ha desbordado, dejando a un político muy preparado para ejercer su cargo, aunque casualidades de la vida y por casarse con la sobrina de otro político hacen pensar que no es así, le han destrozado la cara, literalmente. Ojalá solo sea un caso aislado y que la crispación política que a tantos les beneficia, no desemboque en actos como este, porque las elecciones autonómicas se acercan y todo hace presagiar que el resultado va a castigar duramente a un sector político e ideológico  de España.