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Zapatero, este personaje que cogió un constipado a principios de octubre y ya no se le ha vuelto a ver, sigue siendo nuestro presidente de gobierno en funciones. Parece mentira, pero es verdad. Le queda poco como tal pero pretende irse de la Moncloa como llegó, lleno de odio y rencor, dividiendo a España en los dos bandos, casi olvidados. Quiere poner la guinda, o mejor dicho, la guindilla llena de picante y mala leche para que, a más de uno, se le indigeste la porción que le vaya a tocar.

Ayer, una supuesta comisión de expertos, salió a la palestra y aconsejó exhumar  y trasladar los restos de Francisco Franco a otro lugar donde la familia elija. Otra vez con Franco en la boca. ¿A qué viene decir ahora de retirar el polvo de un dictador que falleció hace treinta y seis años? Prefiero callarme lo que pienso sobre los sujetos que han tenido la brillante idea de rescatar el dichoso tema para llamar la atención.

No sé que pueden llegar a pensar las personas mayores que, cuando estaban en plena juventud, una terrible guerra les hizo cambiar de golpe, pasando de la chavalería al mundo de los adultos entre el estallido de las bombas y el silbido de las balas. Pero, que mi generación, que rondamos la veintena de edad, año arriba, año abajo, nos enfrasquemos acaloradamente en discutir sobre Franco, la dictadura franquista, la Guerra Civil o la II República, es esperpéntico. Si Valle Inclán volviera del más allá, aparte de irse pitando, retiraría el Callejón del Gato de la obra, “Luces de bohemia”, para ponernos como ejemplo, a nosotros, del esperpento.

Me niego a malgastar un minuto más sobre este tema. Pero antes, quiero advertir a los majaderos que juegan con fuego. Tenemos cinco millones de parados. Más del cuarenta por ciento de los jóvenes no trabajan. El número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza aumenta sin cesar. En España no existe una educación sólida para el futuro de los más pequeños. La justicia funciona de pena. El sistema sanitario y de pensiones están demostrando sus debilidades ante la mala situación económica. También estamos padeciendo una crisis social y de valores severa. Si a todo esto, le sumamos el odio ideológico, que durante un tiempo provocó uno de los peoress momentos de la historia contemporánea de España, todos los problemas citados pueden parecer una broma. No olvidemos que la ideología llevada al extremo provocó el enfrentamiento entre hermanos. La sociedad se volvió oscura, donde la muerte, al igual que en las obras de Delibes, fue la protagonista. Dejémonos de fascistas y rojos, porque la sombra de Franco es alargada.

Hace un par de día nos enterábamos de la siguiente noticia. El alcalde de San Sebastián, de Bildu, retira una pancarta del balcón del ayuntamiento de la citada ciudad donde se leía: “No a ETA. Derechos humanos y convivencia en paz”. Este letrero lo puso valientemente  Edon Elorza, en 2001, el anterior alcalde socialista de la ciudad.

Muchos se han sorprendido ante este hecho. Sinceramente, a mi no me pilla de sorpresa. Para las personas que consideramos a Bildu parte de ETA, vemos como lógico que ellos mismos se despojen de símbolos donde se les ataca. No sé que habrá dicho el nuevo alcalde de la ciudad vasca, ni me interesa, pero seguro que sus palabras serán similares a las de sus compañeros terroristas, como Otegui, Txapote…

¿Cuántos actos de esta envergadura deben de suceder para quitarnos la venda de los ojos? ¿Cuánto tiempo nos queda para tragar y tragar ante una banda de asesinos? Quién no lo quiera ver, es su problema, pero cada día que pasa Bildu deja más claro que es el brazo político de ETA. No sé qué daño puede producir al alcalde de San Sebastián la pancarta que ha retirado, salvo que se sienta ofendido. Lo peor de todo no es esto, sino la gente que los vota. Algunos lo tendrán que hacer por miedo, aunque ya no maten, por ahora, y otros por convicción, porque han vivido un lavado de cabeza desde la infancia.

Y pasa lo mismo con Amaiur. Vamos a dejarnos ya de tanta hipocresía barata. A este partido le han votado los trescientos mil etarras que se encuentran reunidos en el País Vasco y Navarra, más los que están cumpliendo condena en las cárceles. Se puede llegar a comprender que un vasco los defienda pero ¿un madrileño y un murciano? Y encima, te salen con la dichosa libertad y con la palabra mágica, demócrata. ¿Pero qué libertad? ¿La libertad de los pueblos vascos donde son pocos habitantes y no te puedes expresar si no comulgas con su nacionalismo vasco izquierdista y estalinista? ¿La libertad de aquellas personas que murieron por un tiro en la nuca porque se consideraban españoles? ¿O la libertad de pasearte por el casco histórico de Bilbao con una bandera de este maravilloso país?

Qué bonito es hablar de libertad y derechos donde se vive en un lugar sin miedo a pensar de forma diferente. Pero todavía, en muchos lugares del País Vasco, las miradas, las amenazas, los silencios incómodos y el vacío social impiden el desarrollo normal de un sector de la población que no son partidarios con el ideario racista del nacionalismo vasco. Sí, porque tiene rasgos racistas. A muchos se les ha olvidado ya los pensamientos de Sabino Arana, padre del nacionalismo vasco, sobre la raza vasca, superior a las demás, o a quien llamaba, de forma despectiva,  “maquetos”.

Vuelvo a repetir, no nos engañemos. Son los mismos que han colaborado con los etarras. Son los mismos que han defendido, y defienden, las tesis de ETA. Son los mismos que, cuando nos enterábamos de un nuevo atentado terrorista, decían la típica y desoladora frase, “algo habrán hecho”. Son los mismos que equiparan a víctimas y verdugos. Son los mismos que viven desde el odio y el rencor, mirando de forma hostil al resto de España. Son los mismos que acuden a las manifestaciones para pedir la excarcelación de los etarras que se encuentren en las cárceles cumpliendo condena por asesinar. La misma historia, los mismos que han votado a Amaiur. El mismo perro con distinto collar. En definitiva, las mismas personas que ha protagonizado la bochornosa escena del balcón de la vergüenza.

Quedan unas pocas horas para cerrar la campaña electoral. Rajoy, Rubalcaba, Rosa Díez, Cayo Lara… estarán en estos instantes preparando sus actuaciones para clausurar este periodo político en una gran fiesta, aunque no tengamos que celebrar muchas cosas, salvo el adiós de Zapatero y cuatro cosas más.

Ya se ha pasado el tiempo de las encuestas para dar paso al voto, donde los ciudadanos ejercen su derecho democrático para elegir el futuro de este país. No valen las suposiciones, las creencias o las meditaciones, es la hora de votar. Seguro que en el PSOE no quieren que llegue este momento incierto para ellos, pero no creo que la diferencia entre los dos grandes partidos de España sea tan grande como pronostican los medios de comunicación.

Esta campaña electoral, sin duda, ha sido la más triste y desoladora por varios motivos. Primero, nunca en la historia de la democracia el partido de la oposición parte de una ventaja tan abrumadora como vaticinan las encuestas. Segundo, la situación que estamos padeciendo es de extrema gravedad. Tercero, nunca un presidente del gobierno deja la Moncloa haciendo tanto daño, tanto a este país como a su propio partido. Cuarto, es tan delicado los momentos que estamos viviendo que no toca celebrar nada. Prueba de ello lo reflejan los últimos movimientos de Rajoy, contactando con la futura oposición para llevar lo mejor posible el hipotético gobierno.

Pero en estas elecciones no solo se la juega España, sino también el PSOE. Viendo un reportaje de otras campañas electorales, uno llega a la conclusión de, en que manos ha ido a parar el socialismo. No me extrañaría ni gota que si el PSOE obtiene un resultado desastroso, todo el movimiento “zapateril” se vaya al garete, como Elena Valencia, José Blanco, Bibiana Aido, Leire Pajín… Es difícil ver a tonto idiota junto. Permitirme la expresión, pero no tienen otro nombre. ¿No hay en el PSOE gente más cualificada para estar en primera fila y dejar a esta panda de inútiles en el montón, donde no se les vea mucho? Y luego, salen siempre sonriendo, como si sus actos fueran méritos de sacar pecho. El problema de los socialistas es que han prescindido del elemento intelectual usando a “bobos solemnes” (definición que utilizó Rajoy para Zapatero en la primera legislatura de éste). Pero la limpia en Ferraz es más que probable.

A parte del socialismo, quien se la juega de verdad, es España. Uno de los graves problemas que ha tenido el gobierno de Zapatero a lo largo de su última legislatura es la falta de credibilidad. Tanto que, hasta en su propio partido, lo han escondido. Por eso el cambio es fundamental. Está muy claro que Rajoy no ha salido de la colección literaria de Harry Potter, no posee una barita mágica donde transforme la realidad de inmediato y a su antojo, pero es transcendental que el PP consiga una mayoría absoluta el próximo 20 de noviembre. Y para ello debe de contar con un número de votos elevado.

No es suficiente una mayoría absoluta de los populares. La oposición, independientemente de los escaños, debe de ayudar en lo máximo posible, sin bajarse los pantalones. Para empezar, si la izquierda le importa de verdad este país, debe de facilitar las cosas para constituir lo antes posible, y dentro de la ley, el nuevo gobierno. No debe entorpecer malgastando más el tiempo en un ataque de soberbia, como la de Blanco este medio día.

Otra de los aspectos que deben trabajar gobierno y oposición juntos es en los famosos recortes. Veo lógico que Rubalcaba haya estado toda la campaña electoral advirtiendo de que viene la extrema derecha, quitándonos la sanidad, educación… Estamos en campaña electoral y el partido que sale como claro perdedor debe de arriesgar más para llamar a los suyos. Pero esto dura hasta hoy. A partir de mañana, tanto PP y PSOE, y si quieren, más partidos, mejor, deben de mentalizar a la población que el estado del bienestar se va a ver perjudicado porque no hay dinero. Así de claro y sencillo. A mi padre le han bajado el sueldo por ser maestro y no he salido a la calle. La ciudadanía debe de pedir cuentas al gobierno, pero debemos de razonar y entender que la situación es muy grave, y los recortes son necesarios, si no queremos ir a peor.

Los futuros recortes, veremos cuáles son, deben de ir acompañados de otros gestos hacia la clase política. Es normal que en Barcelona los sanitarios salgan a la calle para protestar por el corte de grifo de dinero público mientras la Generalitat sigue derrochando millones en euros en embajadas catalanas por todo el mundo o en doblar películas en la lengua autónomas. El nuevo gobierno debe de estudiar al máximo donde se puede modificar las cantidades de dinero público y tomar como prioridad lo que más preocupa y más necesitan los españoles.

El PP, con Rajoy a la cabeza, si al final gana el próximo domingo, le espera un duro y gran trabajo por hacer. Podrá tener menos dificultad si la ciudadanía y el resto de los partidos políticos actúan de cara a España, pero las cosas se podrán poner muy cuesta arriba si solo se preocupan en arañar egoístamente un puñado de votos. Por todo esto, ahora solo toca reflexionar un rato, pensar en todo lo que hemos y estamos pasando, para tomar la mejor decisión el 20N. Ahora más que nunca se debe de votar la mejor opción posible porque nuestro futuro está en juego. Es la hora del cambio.

Casi han pasado dos días del gran debate entre Rajoy y Rubalcaba y ya se ha dicho todo. Yo no voy a sumar nada nuevo al resto de periodistas, analistas, tertulianos, “opinadores” de profesión… Que si Rubalcaba ha actuado como líder de la oposición ante un Mariano crecido y respetuoso como si ya fuera el presidente del gobierno. Que si el líder del PP ha perdido credibilidad por leer constantemente ante un Alfredo seguro de sí mismo. Que si la corbata de uno es más elegante y fina. Que si viene la derecha y nos va a quitar todo lo que tenemos. Que si la izquierda nos ha sumido en la peor crisis de la historia de este gran país. Es decir, del debate no puedo sumar ninguna postura novedosa. Solo me quedo con las palabras que Federico Jiménez Losantos  radió ayer en su programa a modo de resumen: “Rubalcaba no ha ganado ni un voto y Mariano no ha perdido ni uno”, creo que es la mejor definición de lo vivido entre ambos aspirantes a la Moncloa.

Como he dicho en líneas anteriores, como no encuentro ninguna forma para deslumbrar, abro otro debate al debate de ayer. Gran parte de las personas que vieron ayer el cara a cara han coincidido en reprochar a ambos políticos de peso su incompetencia. Incluso comparten opinión con la gente que directamente decidió no ver debate por lo mismo, porque los políticos de este país no merecen la pena. Ahora me pregunto yo, ¿y la sociedad, está a la altura de las circunstancias? Porque uno se cansa de oír por activa y por pasiva que tenemos una casta política parasitaria que solo piensa en robar al pobre ciudadano de pie que paga los impuestos religiosamente todas las veces que debe o se le impone. ¿Nos merecemos esta  panda de políticos corruptos?

No seré yo quien defienda a los miembros que componen la política de este país, pero me parece una labor muy cínica acusarlos sin antes preguntarnos qué estamos haciendo la sociedad española ante los hechos acaecidos en los últimos años. Me niego a pensar que los 5 millones de parados; el gran consumo de cocaína, entre otras drogas, de la sociedad española, tanto en jóvenes como en mayores; la crisis de principios, el fracaso escolar, el rechazo a nuestros valores y tradiciones como nación… sea culpa de los políticos en general y del gobierno de Zapatero en particular. Lo siento mucho pero nosotros, la inmensa sociedad de España, tenemos algo que ver, si no es mucho.

Ante la grave crisis que estamos padeciendo, lo más fácil es señalar a los políticos acusándolos de no estar a la altura de las circunstancias. ¿Acaso son ellos los que han impulsado la cultura del botellón. ¿Acaso son ellos los únicos causantes de miles y miles de suspensos situando a España en la cola de la educación? ¿Acaso son ellos los únicos protagonistas de llevarnos a una crisis social y de valores muy preocupante, sobre todo, entre la juventud? ¿Acaso son ellos los únicos que obligan a miles y miles de personas a malvivir en la comodidad, donde su único objetivo es aprovecharse del prójimo y que les den todo hecho? Mi respuesta es clara: no.

El político debe de fomentar, ayudar, marcar las pautas y ofrecer todas las facilidades al ciudadano, pero quien tiene la última palabra somos nosotros. Basta ya de tanta hipocresía y mirar hacia otro lado.

Muchas veces pienso que tenemos la clase política que nos merecemos. En estos momentos angustiosos, donde el horizonte de nuestro futuro es muy negro y las generaciones juveniles tienen un porvenir incierto, no vamos a perder el tiempo quejándonos de forma patética por los rincones que tenemos una casta política de vagos y ladrones. Como decía Kennedy, “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. No esperemos a que Rajoy despierte de su famosa siesta el 20N, si llega a ganar, y vamos a responder a los políticos con acciones, no con gimoteos mientras sostenemos un mini de calimocho.

Con todo lo soltado no es una lanza a favor de la revolución, de echarnos a la calle y compartir asfalto con los indignados del #15M. Ni mucho menos. Ya exprese en su momento que este movimiento no es santo de mi devoción. Solo quiero reflejar mi desasosiego y mi repulsa ante esas personas que solo hacen señalar y señalar a todo lo que les rodea sin mirarse a sí mismo y, aprovechando las circunstancias con el debate entre Rubalcaba y Rajoy, abrir otro debate, como escribo al principio de este artículo porque, la crisis, observando en estos momentos a Italia, acaba de comenzar.

Ni los más cerrados al ambiente socialista esperaban un comité del partido tan calentito. Cuándo muchos todavía se encontraban envueltos entre las sábanas por las durezas de la noche del viernes, Zapatero anunciaba que no se iba a presentar como candidato para las próximas elecciones generales el año que viene. Ya está bien, señor presidente.

“Qué Zapatero se va”. Es la frase más pronunciada y comentada del día. En grandes superficies comerciales, en los bares, en la calle, en cualquier lugar la gente se para a charlar un rato sobre la bomba informativa que el señor José Luís Rodríguez Zapatero soltaba rodeado de los suyos, pidiendo primarias y “voluntad integradora”. Me hubiera gusta ver la cara de Rubalcaba cuando el presidente ha expresado su intención a los varones. Pienso que el gran derrotado no es ZP, sino el Ministro de Interior.

Sigue pasando el día y la frase, “qué Zapatero se va” no  varía un ápice. La resignación de los españoles va cogiendo volumen. Ya no se paran a decir la pena que da su rostro demacrado y su pérdida de peso desde que llegó a la Moncloa. El día va cogiendo temperatura. Con cinco millones de parados. Con una crisis económica, moral y social muy profunda. Con una sociedad dividida entre buenos y malos por la mal llamada ley de memoria histórica, o mejor dicho, ley de la falsificación histórica. Con una pobre imagen internacional de España entre las grandes potencias. Con un fracaso escolar máximo, reflejando un futuro muy oscuro para los españoles. Con un Ministerio de Interior acusado de presunta colaboración con banda armada. Con una subida constante de la luz, la botella del butano y el gas que dificultan la vida de las familias. Y sobre todo, con una táctica de gobernar basada en la tomadura de pelo de toda la ciudadanía, con la mentira como protagonista en temas tan transcendentales como la economía o la lucha antiterrorista. Con todo esto, lo que se pregunta la gente, no es el por qué no se presenta en 2012, sino como es que tiene el cuajo de seguir gobernando cuando no posee ni una pizca de credibilidad, dentro y fuera de España.

El reloj va siguiendo el transcurrir diario de las horas y en internet, radio y televisión sólo se ve en los informativos y programas de comunicación el “qué Zapatero se va”. Ana Pastor, por ejemplo, decía que una de las causas de no presentarse como candidato es por la familia, alegando que han sufrido mucho por la famosa foto de las hijas del presidente con los “Obama”. Me da mucha rabia observar como pagamos una televisión pública con el fin de manipular y lavar la cara al gobierno. Sí Zapatero no va a seguir como presidente por una foto es para irse del país, porque no cabe en ninguna cabeza que un político no siga gobernando una nación por una foto dónde salen su familia y es motivo de burla. Por no hablar de internet, donde las redes sociales están que echan humo. En Twitter, encontramos entre los votantes de izquierdas que son unos auténticos cobardes que no dicen absolutamente nada, hasta los más cerriles y siervos del partido “obrero” que defienden a su líder y dios de la única manera que saben hacer, metiéndose con el PP porque no pueden ensalzar ninguna proeza del gobierno.

“Qué Zapatero se va”, en definitiva, es la frase del día, e incluso del mes, aunque no es que se vaya, sino que no se presenta como candidato. Para los medios de comunicación y las personas que les guste el morbo de la política, llegan momentos muy dulces dónde veremos una lucha encarnizada sí al final se producen las esperadas primarias del PSOE. Y los que no son muy fanes de la política, pero sí les gusta el PP, tienen la mejor opción posible para pedir a su líder, Mariano Rajoy, que se mueva de una vez y se posicione con gallardía. No estoy hablando de que fuerce una moción de censura, pero sí que exponga en el Congreso de los Diputados su alternativa ante el desastre zapateril que nos encontramos. Sí el PP sigue dejando pasar el tiempo y ver como Zapatero se va de verdad porque apura su candidatura, estará traicionando a su electorado, en particular, y al resto de la ciudadanía en general. Que Zapatero no se presente es una de las mejores noticias, pero incompleta hasta que el líder de la derecha no tome partida en el juego político que da su comienzo en estos instantes cuando el presidente de España se dirigía al comité electoral de su partido: “Y esta es la decisión que hoy os traslado y hago pública: No voy a ser candidato en las próximas elecciones generales gracias por vuestro respeto y por vuestro afecto”.

El hecho conocido hace poco tiempo de la decisión tomada por la Federación Española de Ciclismo en el “Caso Contador” es una buena noticia, pero no la mejor. Este es el primer paso para que el pinteño pueda correr, cosa que ya está haciendo disputando hoy mismo la primera etapa de la Vuelta al Algarve. Ahora toca esperar la decisión de los golfos del COI y de la AMA, que tienen dos meses por delante para presentar una apelación a la absolución de Contador.

Según saltaba la noticia, todo el mundo cargaba la escopeta para disparar a diestro y siniestro sobre la libertad del mejor ciclista en carrera. Francia, Italia o Bélgica han sido los países con la prensa más crítica ante esta decisión. Me hace gracia que los italianos se quejen teniendo a personajes como Riccardo Riccó, que la semana pasada fue ingresado con estado crítico porque se había sometido a si mismo  a una autotransfusión de sangre. Y no creo que tengan el cuajo de meterse con la justicia española cuando los propios italianos tienen a un presidente acusado de prostitución de menores.  O Bélgica, que recuerda el caso de su corredor Keisse, absuelto por su federación por un control positivo y sancionado posteriormente por los organismos internacionales. Los belgas se olvidan que dicho ciclista tomo hidroclorotiazida, sustancia prohibida porque puede enmascarar productos dopantes. Es decir, que este caso no tiene nada que ver con Contador.

La queja de los franceses se merece un párrafo. Son muchos los que ven ridículo acusar al país galo como los causantes de la sanción a Contador. Pero sinceramente mantengo que nuestros vecinos no aguantan más que un español gane su ronda ciclista. Llevamos cinco años consecutivos ganándola entre Contador, Pereiro y Sastre, y viendo que después de Contador no hay otro español que pueda ocupar la alternancia de la hegemonía hispana en el Tour, quieren ganarnos, aunque sea de forma torticera y en los despachos, porque si a Contador le sancionan por los 5 picogramos de clembuterol, se demostrará que el ciclismo está podrido, y no precisamente por culpa de los corredores, sino por esferas más altas, es decir, como de costumbre, por los despachos.

Es verdad que los políticos, jueces y prensa españoles se han lanzado en tromba a defender a Contador. Incluso el propio Zapatero dejó una frase en Twiter muy comentada. Todo esto es cierto y suena un poco a anecdótico pero, ¿qué pasaría si se demostrase que  Lance Armstrong consumió sustancias dopantes, retirándole cuatro de sus siete Tours de Francia ganados? Pues probablemente los americanos rebosarían las calles y las redes sociales para protestar y reflejar su indignación.

Lo dije la primera vez cuando hable del “Caso Contador”. El COI y el AMA no están para limpiar y proteger al ciclista, sino que son sus verdaderos enemigos. Casos como este reflejan su inutilidad. Si al final todo sale bien y Contador es inocente, ¿quién va a reparar el daño moral y de imagen que ha sufrido el ciclista español? ¿Quién? McQuaid, que en vez de animar al ciclista critica la imagen que estamos dando como país y señalando a la presión política. Solo los ciclistas pueden arreglar esto uniéndose, realizando unas bases jurídicas y científicas firmes y sólidas para luchar con el dopaje, pero dentro de la lógica, para que no se vuelvan a dar casos como este.

Parece que el horizonte del futuro de Contador se va despejando. Lástima que otros corredores, como Valverde, no hayan tenido la misma suerte. De todas formas, debemos esperar y controlar los impulsos. No debemos de echar las campanas al vuelo, pues ahora depende de los organismos internacionales, sabiendo la calaña que ocupa sus sillones.

A veces toca reflexionar. Pararnos a pensar si realmente lo que tenemos es lo que nos merecemos, o si podemos -y debemos- luchar por algo mejor. Por supuesto, hablo de la crisis económica. En 2010, con una economía en caída libre y unas cifras de paro escandalosamente altas, solamente se convocó en nuestro país una huelga general. Huelga que más parecía contra la oposición y los empresarios que contra el Gobierno.  No se consiguió ninguna solución, y los sindicatos casi parecieron aliviados con ello. Habían cumplido, y como suele decirse, habían cambiado, habían movido ficha, para que todo siguiese igual.

Mientras tanto,  durante el pasado año se convocaron 9 huelgas generales en Francia, pese a que ellos se jubilan cinco años antes que nosotros y su salario mínimo es más del doble del nuestro. Se nos dice que la crisis es mundial, pero el PIB de Estados Unidos trimestralmente un 3%, y el de China un 10% interanual. La noticia más leída hoy en El País se titula “Merkel estudia ofrecer empleos cualificados a jóvenes españoles en paro“, y señala que el país germano “necesita entre 500.000 y 800.000 jóvenes cualificados para empezar a trabajar de inmediato” ¿Son estos países de otro planeta? ¿Pero qué nos pasa en España? Pan y circo, dicen muchos. Hay de comer y para comprar en las rebajas, dicen otros. Yo no lo sé, pero me gustaría saberlo.

Dejo la imagen que me ha hecho vomitar esto. Quizás a alguien más le haga reflexionar también.

 

España y Francia

España y Francia