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Quedan unas pocas horas para cerrar la campaña electoral. Rajoy, Rubalcaba, Rosa Díez, Cayo Lara… estarán en estos instantes preparando sus actuaciones para clausurar este periodo político en una gran fiesta, aunque no tengamos que celebrar muchas cosas, salvo el adiós de Zapatero y cuatro cosas más.

Ya se ha pasado el tiempo de las encuestas para dar paso al voto, donde los ciudadanos ejercen su derecho democrático para elegir el futuro de este país. No valen las suposiciones, las creencias o las meditaciones, es la hora de votar. Seguro que en el PSOE no quieren que llegue este momento incierto para ellos, pero no creo que la diferencia entre los dos grandes partidos de España sea tan grande como pronostican los medios de comunicación.

Esta campaña electoral, sin duda, ha sido la más triste y desoladora por varios motivos. Primero, nunca en la historia de la democracia el partido de la oposición parte de una ventaja tan abrumadora como vaticinan las encuestas. Segundo, la situación que estamos padeciendo es de extrema gravedad. Tercero, nunca un presidente del gobierno deja la Moncloa haciendo tanto daño, tanto a este país como a su propio partido. Cuarto, es tan delicado los momentos que estamos viviendo que no toca celebrar nada. Prueba de ello lo reflejan los últimos movimientos de Rajoy, contactando con la futura oposición para llevar lo mejor posible el hipotético gobierno.

Pero en estas elecciones no solo se la juega España, sino también el PSOE. Viendo un reportaje de otras campañas electorales, uno llega a la conclusión de, en que manos ha ido a parar el socialismo. No me extrañaría ni gota que si el PSOE obtiene un resultado desastroso, todo el movimiento “zapateril” se vaya al garete, como Elena Valencia, José Blanco, Bibiana Aido, Leire Pajín… Es difícil ver a tonto idiota junto. Permitirme la expresión, pero no tienen otro nombre. ¿No hay en el PSOE gente más cualificada para estar en primera fila y dejar a esta panda de inútiles en el montón, donde no se les vea mucho? Y luego, salen siempre sonriendo, como si sus actos fueran méritos de sacar pecho. El problema de los socialistas es que han prescindido del elemento intelectual usando a “bobos solemnes” (definición que utilizó Rajoy para Zapatero en la primera legislatura de éste). Pero la limpia en Ferraz es más que probable.

A parte del socialismo, quien se la juega de verdad, es España. Uno de los graves problemas que ha tenido el gobierno de Zapatero a lo largo de su última legislatura es la falta de credibilidad. Tanto que, hasta en su propio partido, lo han escondido. Por eso el cambio es fundamental. Está muy claro que Rajoy no ha salido de la colección literaria de Harry Potter, no posee una barita mágica donde transforme la realidad de inmediato y a su antojo, pero es transcendental que el PP consiga una mayoría absoluta el próximo 20 de noviembre. Y para ello debe de contar con un número de votos elevado.

No es suficiente una mayoría absoluta de los populares. La oposición, independientemente de los escaños, debe de ayudar en lo máximo posible, sin bajarse los pantalones. Para empezar, si la izquierda le importa de verdad este país, debe de facilitar las cosas para constituir lo antes posible, y dentro de la ley, el nuevo gobierno. No debe entorpecer malgastando más el tiempo en un ataque de soberbia, como la de Blanco este medio día.

Otra de los aspectos que deben trabajar gobierno y oposición juntos es en los famosos recortes. Veo lógico que Rubalcaba haya estado toda la campaña electoral advirtiendo de que viene la extrema derecha, quitándonos la sanidad, educación… Estamos en campaña electoral y el partido que sale como claro perdedor debe de arriesgar más para llamar a los suyos. Pero esto dura hasta hoy. A partir de mañana, tanto PP y PSOE, y si quieren, más partidos, mejor, deben de mentalizar a la población que el estado del bienestar se va a ver perjudicado porque no hay dinero. Así de claro y sencillo. A mi padre le han bajado el sueldo por ser maestro y no he salido a la calle. La ciudadanía debe de pedir cuentas al gobierno, pero debemos de razonar y entender que la situación es muy grave, y los recortes son necesarios, si no queremos ir a peor.

Los futuros recortes, veremos cuáles son, deben de ir acompañados de otros gestos hacia la clase política. Es normal que en Barcelona los sanitarios salgan a la calle para protestar por el corte de grifo de dinero público mientras la Generalitat sigue derrochando millones en euros en embajadas catalanas por todo el mundo o en doblar películas en la lengua autónomas. El nuevo gobierno debe de estudiar al máximo donde se puede modificar las cantidades de dinero público y tomar como prioridad lo que más preocupa y más necesitan los españoles.

El PP, con Rajoy a la cabeza, si al final gana el próximo domingo, le espera un duro y gran trabajo por hacer. Podrá tener menos dificultad si la ciudadanía y el resto de los partidos políticos actúan de cara a España, pero las cosas se podrán poner muy cuesta arriba si solo se preocupan en arañar egoístamente un puñado de votos. Por todo esto, ahora solo toca reflexionar un rato, pensar en todo lo que hemos y estamos pasando, para tomar la mejor decisión el 20N. Ahora más que nunca se debe de votar la mejor opción posible porque nuestro futuro está en juego. Es la hora del cambio.

Casi han pasado dos días del gran debate entre Rajoy y Rubalcaba y ya se ha dicho todo. Yo no voy a sumar nada nuevo al resto de periodistas, analistas, tertulianos, “opinadores” de profesión… Que si Rubalcaba ha actuado como líder de la oposición ante un Mariano crecido y respetuoso como si ya fuera el presidente del gobierno. Que si el líder del PP ha perdido credibilidad por leer constantemente ante un Alfredo seguro de sí mismo. Que si la corbata de uno es más elegante y fina. Que si viene la derecha y nos va a quitar todo lo que tenemos. Que si la izquierda nos ha sumido en la peor crisis de la historia de este gran país. Es decir, del debate no puedo sumar ninguna postura novedosa. Solo me quedo con las palabras que Federico Jiménez Losantos  radió ayer en su programa a modo de resumen: “Rubalcaba no ha ganado ni un voto y Mariano no ha perdido ni uno”, creo que es la mejor definición de lo vivido entre ambos aspirantes a la Moncloa.

Como he dicho en líneas anteriores, como no encuentro ninguna forma para deslumbrar, abro otro debate al debate de ayer. Gran parte de las personas que vieron ayer el cara a cara han coincidido en reprochar a ambos políticos de peso su incompetencia. Incluso comparten opinión con la gente que directamente decidió no ver debate por lo mismo, porque los políticos de este país no merecen la pena. Ahora me pregunto yo, ¿y la sociedad, está a la altura de las circunstancias? Porque uno se cansa de oír por activa y por pasiva que tenemos una casta política parasitaria que solo piensa en robar al pobre ciudadano de pie que paga los impuestos religiosamente todas las veces que debe o se le impone. ¿Nos merecemos esta  panda de políticos corruptos?

No seré yo quien defienda a los miembros que componen la política de este país, pero me parece una labor muy cínica acusarlos sin antes preguntarnos qué estamos haciendo la sociedad española ante los hechos acaecidos en los últimos años. Me niego a pensar que los 5 millones de parados; el gran consumo de cocaína, entre otras drogas, de la sociedad española, tanto en jóvenes como en mayores; la crisis de principios, el fracaso escolar, el rechazo a nuestros valores y tradiciones como nación… sea culpa de los políticos en general y del gobierno de Zapatero en particular. Lo siento mucho pero nosotros, la inmensa sociedad de España, tenemos algo que ver, si no es mucho.

Ante la grave crisis que estamos padeciendo, lo más fácil es señalar a los políticos acusándolos de no estar a la altura de las circunstancias. ¿Acaso son ellos los que han impulsado la cultura del botellón. ¿Acaso son ellos los únicos causantes de miles y miles de suspensos situando a España en la cola de la educación? ¿Acaso son ellos los únicos protagonistas de llevarnos a una crisis social y de valores muy preocupante, sobre todo, entre la juventud? ¿Acaso son ellos los únicos que obligan a miles y miles de personas a malvivir en la comodidad, donde su único objetivo es aprovecharse del prójimo y que les den todo hecho? Mi respuesta es clara: no.

El político debe de fomentar, ayudar, marcar las pautas y ofrecer todas las facilidades al ciudadano, pero quien tiene la última palabra somos nosotros. Basta ya de tanta hipocresía y mirar hacia otro lado.

Muchas veces pienso que tenemos la clase política que nos merecemos. En estos momentos angustiosos, donde el horizonte de nuestro futuro es muy negro y las generaciones juveniles tienen un porvenir incierto, no vamos a perder el tiempo quejándonos de forma patética por los rincones que tenemos una casta política de vagos y ladrones. Como decía Kennedy, “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. No esperemos a que Rajoy despierte de su famosa siesta el 20N, si llega a ganar, y vamos a responder a los políticos con acciones, no con gimoteos mientras sostenemos un mini de calimocho.

Con todo lo soltado no es una lanza a favor de la revolución, de echarnos a la calle y compartir asfalto con los indignados del #15M. Ni mucho menos. Ya exprese en su momento que este movimiento no es santo de mi devoción. Solo quiero reflejar mi desasosiego y mi repulsa ante esas personas que solo hacen señalar y señalar a todo lo que les rodea sin mirarse a sí mismo y, aprovechando las circunstancias con el debate entre Rubalcaba y Rajoy, abrir otro debate, como escribo al principio de este artículo porque, la crisis, observando en estos momentos a Italia, acaba de comenzar.

Ayer el Comité Electoral Nacional del PP hizo pública la lista de Madrid. Del uno al cinco van Marino Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Ana Mato, Alberto Ruíz-Gallardón y Miguel Arias Cañete, respectivamente. Pero, sin ninguna duda, el protagonista de esta lista es el alcalde madrileño, eterno rival de Esperanza Aguirre.

Cuando las cosas van bien, las encuestas te favorecen o cada paso que das, es un punto positivo para tu porvenir, se nota. Solo hay que ver el gesto de Rajoy y compararlo con el actual, pero por poco tiempo, de nuestro presidente del gobierno, más demacrado, algo chupado y con pronunciadas arrugas y ojeras. La foto de Zapatero sentado solo en el desfile del 12 de octubre con la mirada perdida es un claro ejemplo de lo mal que lo tiene que estar pasando, pero merecidamente. Esta buena sintonía que acompaña al líder del PP le está llevando a ser él en estado puro, y como imaginábamos todos que estamos conectados un poco con la actualidad política, el alcalde de la capital no podía faltar en el posible gobierno popular.

Pero, ¿es acertada la maniobra de Rajoy de colocar a Gallardón en su nueva ejecutiva y alcanzar una cartera ministerial? Por una parte, podemos considerar la estrategia como muy buena. Gallardón es el mejor caladero de votos que puedas encontrar. Solo hay que ver su trayectoria política para entender que cualquier presidente quiera llevar en su equipo a una persona como el alcalde. Está dispuesto a olvidarse de ideologías o directrices impuestas desde la sede central con el fin de conseguir el mayor número de votantes. Un claro ejemplo es el trato de favor que tiene Gallardón con el grupo periodístico PRISA como fue la cesión de la Plaza de Colón en la Eurocopa 2008. Por eso cuando uno se lee el diario “El País”, las críticas más feroces van contra Esperanza Aguirre, suavizándose si el alcalde es el señalado. Su forma de actuar tiene unos buenos resultados, siendo presidente de la Comunidad de Madrid entre los años 1995-2003 y alcalde de Madrid desde 2003. Y no hablemos ya de su ambición, como es cumplir uno de sus grandes sueños, celebrar unas Juegos Olímpicos en Madrid.

Por otro lado, pienso que Mariano Rajoy cae en la incongruencia de llevar en sus listas al regidor del ayuntamiento más endeudado de España. Si el mensaje del PP es la creación de empleo y la austeridad frente al despilfarro y la deuda creada por el PSOE durante estos años, no puede incluir al alcalde que debe 7.008 millones de euros. En términos relativos, la deuda asciende a 1.971 euros por habitante. Es decir, es un escándalo como se encuentra la capital de España, económicamente hablando. Es verdad que las infraestructuras llevadas a cabo son una maravilla, como el soterramiento de la M-30, descongestionando el tráfico de la ciudad, ayudado también por el descenso de desplazamientos por la crisis. Hay que reconocer que Gallardón tiene mucha visión de futuro, que es mejor ver un parque a una carretera. Todo esto lo podemos llegar a entender. Lo que me cuesta más es hilar el discurso oficial del Partido Popular llevado a cabo por González Pons con la posibilidad de que Gallardón vaya en las listas de Rajoy en puestos donde la posibilidad de que sea ministro es muy alta.

Personalmente, a mí el PP, el PSOE o cualquier otro partido político no me tiene que convencer de nada. Pero hay una franja considerable de votantes que no tiene muy claro el voto. Por eso siento impotencia como se destinan unas cantidades desorbitadas para asesorar los partidos con el objetivo de cuidar el menor detalle y luego metan la pata en cosas tan sencillas como importantes. A Rubalcaba le pasa con la propuesta de medidas para combatir la crisis y a Rajoy con Gallardón, el alcalde de la ciudad más endeuda del país. Por todo esto tengo mis dudas de que el PP acierte en reforzar el núcleo del partido con la persona que antepone todos los intereses solo para ganar votos, obviando en ocasiones la ideología, las ideas y la base del partido. Ojala me equivoque y no ocurra lo mismo que con Trillo, el ex ministro de Defensa que, en toda esta legislatura, ha estado atado de píes y manos por el PSOE por el accidente del Yak-42, perdonando muchas cosas al gobierno y cediendo en medidas por el empecinamiento en estar rodeados de personas que dejan algunas dudas al ocupar su cargo. Espero que Mariano Rajoy haya meditado muy bien si Gallardón es el mejor refuerzo porque las elecciones están a la vuelta de la esquina y casi no queda margen de maniobra.

Mientras los españoles estamos digiriendo el empacho de los cuatro clásicos entre el Real Madrid y el Barcelona. Mientras nos tiramos los trastos a la cabeza por la expulsión a Pepe, la teatralización de Alves, lo bueno que es Messi o las palabras de Mourinho. Mientras los políticos afilan sus armas para dar comienzo a la campaña electoral y sacar lo peor de ellos para arañar unos puñados de votos. Mientras nos agolpamos en vivir acomodadamente, el Tribunal Constitucional da una mala noticia, pero esperada. Bildu, es decir, ETA, llamemos a cada cosa por su nombre, es legalizada por los jueces de dicho tribunal nombrados por el PSOE.

Para muchos, esta noticia le puede resultar insignificante. Pero para las personas con corazón y unos valores asentados en la libertad, el respeto y la igualdad, la “justicia” nos da un fuerte revés. Y más de la forma que se están haciendo las cosas. Mayor Oreja ya lo avisaba hace tiempo y nadie le hacía caso, salvo insultarle y menospreciarle. Un servidor ya escribió hace unos meses en este mismo blog un artículo titulado “SORTU, el señuelo etarra” sobre la intención de la banda terrorista y una hipótesis de futuro que, por desgracia, se ha cumplido tal como pronostiqué.

ETA, la supuesta banda antifranquista, ha conseguido su objetivo. Se podrá presentar a las próximas elecciones autonómicas y municipales. Los pistoleros podrán respirar tranquilos con la ayuda de Zapatero y el dinero público, pagado incluso por sus víctimas, para financiarse sus futuras fechorías. Parte de la iglesia y de empresarios vascos, así como gran parte del PNV, se sentirán orgullosos al ver a ETA gobernar a sus presas cabizbajas y con el miedo, otra vez, metido en el cuerpo.

Este fin de semana Rubalcaba, el hombre que siempre miente porque desconoce la verdad, decía que le parecen “abyectas y antidemocráticas” las críticas del PP al TC. Más abyecto y antidemocrático es apoyar a una banda de asesinos para ganarse el apoyo del PNV en los Presupuestos Generales del año que viene. O la negociación que siguen manteniendo con ETA. A Zapatero, como al gobierno y sus secuaces, les da exactamente igual el dolor de un pueblo herido por la intolerancia de un grupo de sanguinarios. Solo le importa gobernar de la forma que lo está haciendo, el famoso “como sea”. Que tenemos que sacar una subida del IVA, pues contamos con el apoyo de los canarios, aunque ellos no tienen este impuesto. Que tenemos que buscar apoyo parlamentario para llevar a cabo alguna ocurrencia, pues damos dinero a Cataluña para contar con CIU y ERC. Que tenemos que sacar adelante los Presupuestos Generales, pues presionamos a nuestros jueces para permitir que ETA este en las instituciones para asegurarnos el apoyo del PNV. Porque al gobierno le da igual que un preso etarra salga de la cárcel y pida el voto para Bildu, como ocurrió ayer. Su único interés es mantenerse en lo más alto del gobierno, aunque tenga que pisotear la memoria de las víctimas o la dignidad de la ciudadanía española.

Ya no vale la excusa de que en España hay democracia y por eso debemos permitir la legalización de ETA. Este lema barato y simplón cuela una vez. Pero cuando se lleva escuchando la misma cantinela año tras año, como la intención de nuevos partidos abertzales de abandono de la violencia, resulta gracioso y a la vez repugnante que haya gente que se los crea. Ya no vale el arrepentimiento repentino del brazo político de los etarras y su buenismo vespertino. Como dice el rotulillo, “si me mientes una vez la culpa es tuya, pero si me engañas más veces la culpa es mía”. Esto es lo que está ocurriendo ahora mismo. Por eso la culpa es de la justicia que se deja otra vez engañar y camelar por ETA para recibir dinero público, y todo por favorecer los planes del gobierno y del presidente.

ETA, al igual que ocurre en este artículo que se repite una y otra vez, lo mismo pasa en la campaña electoral, menos en una persona, Mariano Rajoy. Zapatero, Felipe González, Pepiño Blanco, Aznar, Aguirre o Rita Barberá se han pronunciado sin tapujos sobre el tema, acribillándose dialécticamente al más estilo barriobajero y con el “tú más” sobre las políticas antiterroristas de ahora y de antaño. Pero Mariano Rajoy sigue sin gastar una milésima de segundo. En parte, está bien que no se deje enfangar y liar por los socialistas, ya que su estilo tranquilo, pausado y aburrido le puede dejar en un mal lugar. Pero no estaría mal que en los mítines, además de mostrar más alegría y pasión ante sus votantes, dijera en cuatro palabras su opinión sobre Bildu, es decir, que no debe  estar ETA en las instituciones, y luego que siga con sus propuestas económicas para frenar el gran lastre de este país, el paro.

Por último, como suelo hacer siempre cuando hablo de ETA, un recuerdo a las víctimas. No me quiero ni imaginar la sensación vivida el jueves en torno a la medianoche cuando se daba a conocer la noticia que todos esperábamos y nadie quería, salvo los interesados por defender el terrorismo. Menos mal que las víctimas están hechas de otra pasta, sin rencor, solo buscando la libertad y la justicia ante aquellos asesinos que un día les arrebataron a algún ser querido. Menos mal que las encuestas son negativas a Zapatero, y con suerte, en menos de un año no le veremos la cara todos los días como nuestro presidente, aunque su propósito de pasar a la historia lo ha conseguido, pero de forma distinta a como hubiera deseado. La lucha antiterrorista de este gobierno socialista se conocerá en los anales de la joven historia de la joven democracia española como “la traición de Zapatero”.

Ni los más cerrados al ambiente socialista esperaban un comité del partido tan calentito. Cuándo muchos todavía se encontraban envueltos entre las sábanas por las durezas de la noche del viernes, Zapatero anunciaba que no se iba a presentar como candidato para las próximas elecciones generales el año que viene. Ya está bien, señor presidente.

“Qué Zapatero se va”. Es la frase más pronunciada y comentada del día. En grandes superficies comerciales, en los bares, en la calle, en cualquier lugar la gente se para a charlar un rato sobre la bomba informativa que el señor José Luís Rodríguez Zapatero soltaba rodeado de los suyos, pidiendo primarias y “voluntad integradora”. Me hubiera gusta ver la cara de Rubalcaba cuando el presidente ha expresado su intención a los varones. Pienso que el gran derrotado no es ZP, sino el Ministro de Interior.

Sigue pasando el día y la frase, “qué Zapatero se va” no  varía un ápice. La resignación de los españoles va cogiendo volumen. Ya no se paran a decir la pena que da su rostro demacrado y su pérdida de peso desde que llegó a la Moncloa. El día va cogiendo temperatura. Con cinco millones de parados. Con una crisis económica, moral y social muy profunda. Con una sociedad dividida entre buenos y malos por la mal llamada ley de memoria histórica, o mejor dicho, ley de la falsificación histórica. Con una pobre imagen internacional de España entre las grandes potencias. Con un fracaso escolar máximo, reflejando un futuro muy oscuro para los españoles. Con un Ministerio de Interior acusado de presunta colaboración con banda armada. Con una subida constante de la luz, la botella del butano y el gas que dificultan la vida de las familias. Y sobre todo, con una táctica de gobernar basada en la tomadura de pelo de toda la ciudadanía, con la mentira como protagonista en temas tan transcendentales como la economía o la lucha antiterrorista. Con todo esto, lo que se pregunta la gente, no es el por qué no se presenta en 2012, sino como es que tiene el cuajo de seguir gobernando cuando no posee ni una pizca de credibilidad, dentro y fuera de España.

El reloj va siguiendo el transcurrir diario de las horas y en internet, radio y televisión sólo se ve en los informativos y programas de comunicación el “qué Zapatero se va”. Ana Pastor, por ejemplo, decía que una de las causas de no presentarse como candidato es por la familia, alegando que han sufrido mucho por la famosa foto de las hijas del presidente con los “Obama”. Me da mucha rabia observar como pagamos una televisión pública con el fin de manipular y lavar la cara al gobierno. Sí Zapatero no va a seguir como presidente por una foto es para irse del país, porque no cabe en ninguna cabeza que un político no siga gobernando una nación por una foto dónde salen su familia y es motivo de burla. Por no hablar de internet, donde las redes sociales están que echan humo. En Twitter, encontramos entre los votantes de izquierdas que son unos auténticos cobardes que no dicen absolutamente nada, hasta los más cerriles y siervos del partido “obrero” que defienden a su líder y dios de la única manera que saben hacer, metiéndose con el PP porque no pueden ensalzar ninguna proeza del gobierno.

“Qué Zapatero se va”, en definitiva, es la frase del día, e incluso del mes, aunque no es que se vaya, sino que no se presenta como candidato. Para los medios de comunicación y las personas que les guste el morbo de la política, llegan momentos muy dulces dónde veremos una lucha encarnizada sí al final se producen las esperadas primarias del PSOE. Y los que no son muy fanes de la política, pero sí les gusta el PP, tienen la mejor opción posible para pedir a su líder, Mariano Rajoy, que se mueva de una vez y se posicione con gallardía. No estoy hablando de que fuerce una moción de censura, pero sí que exponga en el Congreso de los Diputados su alternativa ante el desastre zapateril que nos encontramos. Sí el PP sigue dejando pasar el tiempo y ver como Zapatero se va de verdad porque apura su candidatura, estará traicionando a su electorado, en particular, y al resto de la ciudadanía en general. Que Zapatero no se presente es una de las mejores noticias, pero incompleta hasta que el líder de la derecha no tome partida en el juego político que da su comienzo en estos instantes cuando el presidente de España se dirigía al comité electoral de su partido: “Y esta es la decisión que hoy os traslado y hago pública: No voy a ser candidato en las próximas elecciones generales gracias por vuestro respeto y por vuestro afecto”.

Acaba de comenzar oficialmente la campaña electoral a las elecciones catalanes y la verdad, los políticos no han defraudado. Esto no quiere decir que hayan estado a la altura, casi nunca suelen estarlo, pero en decir tonterías y demostrar que no dan más de sí, han brillado, cumpliendo las expectativas esperadas.

Lo peor no es lo que se diga y haga hasta el 28 de este mes, sino que la campaña electoral se alargara hasta el 2012, ya que el año que viene tenemos elecciones autonómicas y al siguiente, las elecciones generales, sino se produce un adelanto electoral. Vaya año y medio que nos espera.

No me he resistido en empezar la criba con Puigcercos. Este personaje, aunque su físico se parezca más a un carnicero o un posadero que a la de un político, con todos mis respetos a los carniceros o posaderos, es el presidente de ERC. Claro, como su partido va a ser el gran perdedor, pues tiene que llamar la atención, y que mejor manera que seguir el manual del buen independentista catalán, es decir, ir de víctima. Esto es lo que este borrego ha soltado por su boquita: “Tenemos la Agencia Tributaria instalada en Cataluña. Y mientras tanto, Madrid es una fiesta fiscal y en Andalucía no paga ni Dios”. Tan pacho que se ha quedado. ¿Qué Madrid es una fiesta fiscal? Que se lo digan a los madrileños, cansados de que Gallardón, en su afán de abrir zanjas y levantar grúas, tiene endeudados a los madrileños, y eso que cada vez sube más los impuestos. Lo que le pasa a Puigcercos es que nunca ha salido de Cataluña. Está tan obsesionado con su “país”, con sus veguerías y su independentismo, que ni siquiera sabe donde esta Andalucía, por eso dice estas idioteces, fruto de sus obsesiones independentistas, que en ocasiones, roza la locura, como demuestra sus declaraciones en contra de los madrileños y los andaluces.

Según las encuestas, el PP obtendría el mismo resultado que en las elecciones pasadas, y eso que, según la agenda del partido, Mariano Rajoy visitará la comunidad hasta en siete ocasiones. Sánchez Camacho, junto con los líderes populares de Galicia y País Vasco, han firmado el antídoto al “pacto del Tinell”, asumiendo el compromiso de luchar por la unidad de España. Me parece bien, pero lo primero que tenía que hacer Feijóo es asegurar que en Galicia se garantice el derecho a estudiar en español, porque no en todos los sitios se puede ejercer dicho derecho constitucional, como en el País Vasco. Y ya puestos, como luchan en su texto “El compromiso de Barcelona” por la unidad de este país, que también exijan a Camps que en la Comunidad Valenciana también se pueda estudiar en los centros públicos en castellano. Luego que hagan todos los pactos y redacten todos los textos que quieran, y que el PP en Cataluña se quite ese velo de prejuicios que Ciudadanos con Albert Rivera ya no tiene.

Pero quién mejor ha estado en este arranque de campaña ha sido nuestro presidente. Como le interesa la tensión, para variar, ha sacado su vena más anticlerical, con unas declaraciones made in Zapatero, “¿Pero qué quiere Rajoy, que hagamos las leyes que quiere el Papa?”, con respecto a las críticas por parte del PP por no haber estado en la misa que ofició el Papa en Santiago de Compostela la semana pasada. Ya sabemos que Zapatero es tan valiente que se mete con el Papa cuando han pasado siete días de su salida de España, o que no es capaz de rezar en su país, pero si en EE UU con Obama. Es tan valiente que todavía los españoles estamos esperando una condena de rechazo hacía Marruecos por los asesinatos que está llevando a cabo en el Sahara. Pero claro, es lo que toca. Da igual que un país no deje entrar a periodistas españoles, o que insulte al jefe de la oposición, o que haya asesinado a un compatriota. Lo que toca es meterse con la Iglesia, pero católica, para que los palmeros del presidente le den la razón. Toca tensionar, manipulando las declaraciones del rival para que la izquierda más rancia de este país acuda a las urnas, porque no solo la campaña electoral está en Cataluña, sino que es a nivel nacional, porque las encuestas dejan en muy mal lugar al PSOE, pero si el gobierno crispa con sus seguidores sumisos, junto con los datos económicos buenos para Zapatero, malos para el resto de los españoles, a finales de 2011, queda un ápice de esperanza para que el inquilino del la Moncloa no cambie, o en su lugar, lo haga uno con menos pelo pero mayor astucia y malicia.