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A veces toca reflexionar. Pararnos a pensar si realmente lo que tenemos es lo que nos merecemos, o si podemos -y debemos- luchar por algo mejor. Por supuesto, hablo de la crisis económica. En 2010, con una economía en caída libre y unas cifras de paro escandalosamente altas, solamente se convocó en nuestro país una huelga general. Huelga que más parecía contra la oposición y los empresarios que contra el Gobierno.  No se consiguió ninguna solución, y los sindicatos casi parecieron aliviados con ello. Habían cumplido, y como suele decirse, habían cambiado, habían movido ficha, para que todo siguiese igual.

Mientras tanto,  durante el pasado año se convocaron 9 huelgas generales en Francia, pese a que ellos se jubilan cinco años antes que nosotros y su salario mínimo es más del doble del nuestro. Se nos dice que la crisis es mundial, pero el PIB de Estados Unidos trimestralmente un 3%, y el de China un 10% interanual. La noticia más leída hoy en El País se titula “Merkel estudia ofrecer empleos cualificados a jóvenes españoles en paro“, y señala que el país germano “necesita entre 500.000 y 800.000 jóvenes cualificados para empezar a trabajar de inmediato” ¿Son estos países de otro planeta? ¿Pero qué nos pasa en España? Pan y circo, dicen muchos. Hay de comer y para comprar en las rebajas, dicen otros. Yo no lo sé, pero me gustaría saberlo.

Dejo la imagen que me ha hecho vomitar esto. Quizás a alguien más le haga reflexionar también.

 

España y Francia

España y Francia

El sábado 8 de enero se vivió en EE UU una masacre sin precedentes. Un joven de 22 años mató a seis personas y dejó heridas a otras catorce, entre ellas, una congresista demócrata, Gabriele Giffords, con un disparo en la cabeza. A la semana siguiente, en Murcia, tres individuos atacan al consejero de Cultura y Turismo de la región murciana, Pedro Alberto Cruz, golpeándole con un puño americano salvajemente en la cara, dejándole graves lesiones, incluso en la noche del sábado al domingo tuvo que ser operado para que no perdiese la visión del ojo izquierdo.

Desde que se conoció los asesinatos norteamericanos, la izquierda de este país no ha dejado de culpar al Tea Party y a la derecha de EE UU. Los medios de comunicación “progres” españoles, como El País, Público, Cadena Ser, El Plural… han señalado desde el primer momento que se conoció la noticia a la tensión y la crispación que se está viviendo en la política americana protagonizada por los movimientos de derechas que se oponen a las medidas y actuaciones de Obama.

Sin embargo, los mismos medios españoles que señalan ciegamente a los supuestos culpables, se echan las manos a la cabeza cuando también se señala a la izquierda española como responsable de la agresión al consejero murciano. Esta es la doble vara de medir. Cuando nos interesa, culpamos a un sector de la política que es contraria a nuestra postura, pero, en cambio, cuando nos puede beneficiar, aunque solo sea para engañarnos más y seguir pensando lo mismo, responsabilizamos a un grupo de personas contrarias ideológicamente a la nuestra, aunque no tenga nada que ver.

Para empezar, Jared Lee Loughner, el asesino de Tucson, todavía no se sabe a qué ideología responde. Nunca se le ha visto merodeando con personas vinculadas al Tea Party, o al partido Republicano, o a cualquier movimiento político. No se le asocia a ninguna religión. Es decir, no sabemos nada de este asesino, salvo que no está muy bien de la cabeza, aunque sabe lo que hace. Entonces, ¿de dónde se saca parte del periodismo que Sarah Palin, por ejemplo, sea responsable de la muerte de éstas seis personas? No lo podemos saber, porque el joven asesino no gritaba nada a favor de nadie cuando mataba, no llevaba ningún emblema y todo hace pensar, que la sinrazón ha sido el causante de esta triste página escrita en la historia de los EE UU.

Pero Murcia es diferente por muchos aspectos. Salvando las distancias con Tucson, y que el resultado no tiene nada que ver, todo hace pensar que la política está detrás de la agresión. Primero, el gobierno murciando lleva tiempo sufriendo un acoso y derribo por parte de una parte de la población ideológicamente diferenciada. No hace mucho tiempo, el vicesecretario del PP fue agredido en un manifestación sindical, aunque levemente porque un fotógrafo le salvo metiéndolo en un local, mientras que la candidata socialista de la región recibía besos y abrazos. Unos días antes de Navidad la casa del presidente de la Región fue cercada por un grupo de personas, donde tiraron huevos, piedras y petardos. El clima en Murcia contra el PP por parte de los sindicatos verticales del régimen socialista y el propio PSOE ha estado detrás de las manifestaciones ilegales contra Valcárcel y su equipo. Todo hace pensar que dichas “manifas” se deben al plan del PP Murciano de recortar a un 50% a los liberados sindicales. Segundo, los tres individuos que agredieron al consejero el sábado pasado lo hicieron a grito de “consejero, consejero, sobrinísimo hijo de puta“. Esto refleja que la paliza a Pedro Alberto Cruz tiene un objetivo, y es que su mujer es sobrina de Valcárcel, es decir, la política. Este consejero es afiliado al PP desde los dieciocho años. Este señor, aunque es acusado de ser consejero por enchufe, es uno de los mayores expertos en arte de la región murciana, doctor y profesor universitario, colaborador habitual en las revistas internacionales más prestigiosas del mundo del arte, ha publicado varios libros y monografías de gran repercusión académica y ha dirigido una de las principales instituciones culturales murcianas. A pesar de todo esto, a los sindicatos y a la izquierda no les vale, y por ello le han utilizado como cabeza de turco, para descargar toda su ira. El problema es que se les ha ido de las manos. Empezaron insultándoles con el apodo de “sobrinísimo”, y han terminado dejándole en el hospital con secuelas en la cara que le duraran toda la vida.

No quiero pensar si hubiera sido al revés. Si un político socialista hubiera sido agredido en un clima de crispación contra su gobierno por parte de la derecha mediante insultos y manifestaciones. Pero como el agredido es uno del PP, la culpa es de la violencia, no de la política. La doble vara de medir de una izquierda cerrada, que otra vez su intención de tensionar, como confesó Zapatero a Gabilondo después de una entrevista y que los micrófonos le pillaron, se ha desbordado, dejando a un político muy preparado para ejercer su cargo, aunque casualidades de la vida y por casarse con la sobrina de otro político hacen pensar que no es así, le han destrozado la cara, literalmente. Ojalá solo sea un caso aislado y que la crispación política que a tantos les beneficia, no desemboque en actos como este, porque las elecciones autonómicas se acercan y todo hace presagiar que el resultado va a castigar duramente a un sector político e ideológico  de España.