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El hecho conocido hace poco tiempo de la decisión tomada por la Federación Española de Ciclismo en el “Caso Contador” es una buena noticia, pero no la mejor. Este es el primer paso para que el pinteño pueda correr, cosa que ya está haciendo disputando hoy mismo la primera etapa de la Vuelta al Algarve. Ahora toca esperar la decisión de los golfos del COI y de la AMA, que tienen dos meses por delante para presentar una apelación a la absolución de Contador.

Según saltaba la noticia, todo el mundo cargaba la escopeta para disparar a diestro y siniestro sobre la libertad del mejor ciclista en carrera. Francia, Italia o Bélgica han sido los países con la prensa más crítica ante esta decisión. Me hace gracia que los italianos se quejen teniendo a personajes como Riccardo Riccó, que la semana pasada fue ingresado con estado crítico porque se había sometido a si mismo  a una autotransfusión de sangre. Y no creo que tengan el cuajo de meterse con la justicia española cuando los propios italianos tienen a un presidente acusado de prostitución de menores.  O Bélgica, que recuerda el caso de su corredor Keisse, absuelto por su federación por un control positivo y sancionado posteriormente por los organismos internacionales. Los belgas se olvidan que dicho ciclista tomo hidroclorotiazida, sustancia prohibida porque puede enmascarar productos dopantes. Es decir, que este caso no tiene nada que ver con Contador.

La queja de los franceses se merece un párrafo. Son muchos los que ven ridículo acusar al país galo como los causantes de la sanción a Contador. Pero sinceramente mantengo que nuestros vecinos no aguantan más que un español gane su ronda ciclista. Llevamos cinco años consecutivos ganándola entre Contador, Pereiro y Sastre, y viendo que después de Contador no hay otro español que pueda ocupar la alternancia de la hegemonía hispana en el Tour, quieren ganarnos, aunque sea de forma torticera y en los despachos, porque si a Contador le sancionan por los 5 picogramos de clembuterol, se demostrará que el ciclismo está podrido, y no precisamente por culpa de los corredores, sino por esferas más altas, es decir, como de costumbre, por los despachos.

Es verdad que los políticos, jueces y prensa españoles se han lanzado en tromba a defender a Contador. Incluso el propio Zapatero dejó una frase en Twiter muy comentada. Todo esto es cierto y suena un poco a anecdótico pero, ¿qué pasaría si se demostrase que  Lance Armstrong consumió sustancias dopantes, retirándole cuatro de sus siete Tours de Francia ganados? Pues probablemente los americanos rebosarían las calles y las redes sociales para protestar y reflejar su indignación.

Lo dije la primera vez cuando hable del “Caso Contador”. El COI y el AMA no están para limpiar y proteger al ciclista, sino que son sus verdaderos enemigos. Casos como este reflejan su inutilidad. Si al final todo sale bien y Contador es inocente, ¿quién va a reparar el daño moral y de imagen que ha sufrido el ciclista español? ¿Quién? McQuaid, que en vez de animar al ciclista critica la imagen que estamos dando como país y señalando a la presión política. Solo los ciclistas pueden arreglar esto uniéndose, realizando unas bases jurídicas y científicas firmes y sólidas para luchar con el dopaje, pero dentro de la lógica, para que no se vuelvan a dar casos como este.

Parece que el horizonte del futuro de Contador se va despejando. Lástima que otros corredores, como Valverde, no hayan tenido la misma suerte. De todas formas, debemos esperar y controlar los impulsos. No debemos de echar las campanas al vuelo, pues ahora depende de los organismos internacionales, sabiendo la calaña que ocupa sus sillones.

 Llevo tiempo deseando escribir sobre este turbio asunto, esperando a que se aclarase algo, pero veo que las cosas van de en mal en peor. Me refiero al llamado “Caso Contador”.  Desde un principio las cosas comenzaron grises, con un horizonte incierto, pero a medida que pasa el tiempo el gris se torna negro tizón.

Aunque muchos piensen que suena a excusa, los franceses nos tienen ganas. Nuestro eterno rival lleva cinco años consecutivos viendo como los españoles ganamos el Tour de Francia. Si no es Contador, gana Pereiro, y si fallan estos dos, es el año de Sastre, mientras que los franceses no ganan su vuelta por excelencia desde 1985.

Contador es inocente, pero no es porque lo diga yo, sino por las circunstancias y la disposición  de  los hechos. En primer lugar, y sin que nadie se hubiera enterado, la UCI comunica el 24 de agosto a Contador que da positivo  por clembuterol en el control realizado el 21 de julio, uno de los días de descanso del Tour.

Dos días después, Contador pide un contraanálisis que posteriormente sigue reflejando los mismos datos, una cantidad de 50 picogramos, es decir, 0,00000000005 gramos por mililitro de sangre. Esta cantidad es tan pequeña que solo cuatro laboratorios del mundo pueden constatar este dato.

El 30 de septiembre, alrededor de la una de la madrugada, el jefe de prensa de Contador comunica su caso, adelantándose a una televisión alemana lo haga oficial. Contador ofrece una multitudinaria rueda de prensa, asegurando que su positivo se debe a una contaminación alimentaría, y que su pasaporte biológico juega a su favor. Todo esto obliga a la UCI a comunicar la suspensión provisional del tres veces ganador de la ronda gala.

No pasan 24 horas  cuando L´Equipe pública que en la orina de Contador han encontrado restos de plásticos, indicios de una posible autotransfusión de sangre. The New York Times también se hace eco de esta información. Se abre la veda ante estas acusaciones y Contador es atacado a diestro y siniestro. Menos mal que la AMA (Asociación Mundial Antidopaje) frena estas acusaciones, alegando que el método para detectar restos de plástico en la orina no es fiable. El daño ya está hecho, por unos franceses que no soportan vernos en lo más alto y por los americanos, que quieren evitar que un español arrebate el record a su ídolo ciclista nacional, Lance  Amstrong.

En esta semana la UCI, junto con la AMA, entrega un dossier con sus conclusiones a la Federación Española de Ciclismo para que abra un procedimiento disciplinario contra Contador. Será el Comité de Competición de la Federación el que debe decidir si sanciona o no al ciclista español.

Hasta aquí, más o menos, queda algo claro. Ahora es cuando surgen las preguntas, como, por ejemplo, ¿por qué un ciclista es culpable mientras no se diga lo contrario mientras el resto de la población es al contrario, uno es inocente hasta que se demuestra que es culpable? ¿Alguien se cree que Contador se haya dopado con clembuterol, una práctica anticuada  y de menor calidad? ¿Cómo se puede castigar a Contador por dar 50 picogramos de clembuterol, si para que haga efecto debe tener una cantidad cuarenta veces mayor de la encontrada? ¿Por qué la AMA y la UCI no ponen un mínimo para dar positivo de clembuterol? (No sé quien debe de poner límites o decir que sustancia es prohibida, pero viendo su comportamiento canallesco, tampoco quiero saberlo).

Son muchas las preguntas que surgen ante este polémico tema, pero quien tiene la sartén por el mango le importa un comino. El daño ya está hecho y Contador no volverá a ser el mismo. Ojala me equivoque, pero el estado anímico, la presión que soportará, en el caso de que vuelva a coger la bicicleta, va a ser tal, que va a poder con su gran estima. Cada vez que lo pienso no me puedo creer como una panda de cabrones se pueda cargar el ciclismo de esta manera, y encima, en estos momentos. Desde los años 90 no se veía tanta asistencia de público en las cunetas para arropar a los ciclistas en esta última Vuelta a España. La final explosiva en la localidad de Valdepeñas de Jaén, con rampas superiores al 20%, o la penúltima etapa, con sus últimos tres kilómetros de cemento rayado, fue algo espectacular. Pero siempre hay algún desgraciado de fuera que tenga que cargarse la fiesta.

Si pretende la UCI, el AMA o cualquier persona autorizada de que con esto van a limpiar el ciclismo, van apañados. Lo único que están consiguiendo es joder un deporte ya tocado, tratando a los ciclistas, no a todos, porque ha habido, hay y habrá ciclistas de primera, y no es precisamente por su palmarés, como verdaderos delincuentes. No me parece bien el dopaje, porque lo considero trampa, pero si a algún ciclista le encuentran una sustancia prohibida, pero la cantidad es ínfima, sin ser capaz de que haga efecto, no tienen porqué sancionarle, sea quien sea, y menos destrozar la vida y el futuro a uno de los mejores ciclistas que tenemos de todos los tiempos, le pese a quien le pese, a don Alberto Contador. Si quieren que el ciclismo esté limpio, lo primero que tienen que quitar es a toda esta gentuza que habitan los despachos de la UCI y la AMA, y que sean los ciclistas, todos unidos, los que crean una asociación que elimine y controle el dopaje, con coherencia, para el bien del ciclista, del deporte y del seguidor, y sin auténticas cacerías, como es el “Caso Contador”.