Añorando a los hippies

Publicado: 4 abril, 2011 de jpcasares en Historia, Opinión, Periodismo
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Todos los domingos por la noche, sobre las once, más o menos, emiten en uno de los canales de TVE, para ser exactos en el Clan, episodios antiguos de la famosa serie española “Cuéntame cómo pasó”. No suelo ver la televisión, pero los domingos me da una pereza enorme ponerme a leer, asique después de ver “Aída” en Telecinco, que por cierto, cada vez tienen menos gracia y fluidez en las bromas, me suelo tragar un par de capítulos de los Alcántara.

Ayer la famosa familia televisiva de los años 70 sufría con Inés, la hija rebelde. La chica no tuvo otra idea que irse a vivir a Ibiza con su novio inglés. Por aquella época la isla estaba cubierta de hippies, pero de los de verdad. Habitaban en comunas, trabajaban pidiendo o vendiendo en mercadillos materiales naturales trabajados por sus propias manos, además de marihuana y utensilios para su consumo. Todo esto, en aquella época, para una familia normal, donde el padre era el cabeza de familia, la madre ama de casa y la abuela visitaba todos los días la parroquia del barrio para rezar y escuchar misa, era un fuerte golpe ver a uno de sus seres queridos escogiera este tipo de vida.

Ahora todo es más normal. La transcurrir de las personas está sometida en unos parámetros más marcados que hace cuarenta años. Ya no quedan hippies como los de antes. Sólo conozco a una familia que intentan imitar este movimiento internacional donde se defiende la vida natural, un retroceso a la evolución para vivir en la edad de las cavernas, rechazando cualquier adelanto. Bueno, pues a los que conocía, además de ser vegetarianos y poseer un horno para hacerse su propio pan, pero luego guardaban los alimentos en frigoríficos, a lo único que se dedicaban era a cetrería y a gastarse el poco dinero que ganaban en organizar fiestas en una finca adentrada en el campo. Estas fiestas eran muy peculiares. Se basaban en ponerse de droga hasta arriba y acabar en unas orgías qué más quisiera el tío de la mansión Playboys estar allí, y todo en nombre de la madre naturaleza. Lo peor de todo es que invitaban a jovencitos para disfrutar de los manjares del movimiento hippies, incluso rozando el delito con la edad solo para que disfrutasen. La cuestión es quien disfrutaba, sí los adolescentes elegidos o los adultos que se encargan de la fiesta a costa de la chavalería.

El problema no son los hippies, sino quien se aprovecha de este añorado movimiento para su beneficio. Por desgracia, hasta este movimiento ha sufrido una metamorfosis, quedando, cada vez, menos personas que se adhieran a esta singular forma de vida. Algunos señalan, como no, al capitalismo. Otros, pero son los menos, culpan al ser humano, asentado en la comodidad de los adelantos. Menos mal que todavía los hippies tienen algún festival para celebrar la vida, el amor y la naturaleza. Lástima, que estas ideas, en el fondo, estén pasadas de moda y reemplazadas por otras más modernas, utilizándose solo el movimiento hippie para carnavales o campañas publicitarias para el consumo, es decir, para todo lo contrario de lo que defendían.

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comentarios
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